lunes, 31 de octubre de 2016

Querido décimo mes


Disfrutando de estos últimos cálidos rayos de sol antes de que empiecen las lluvias y bajen las temperaturas descubro que a octubre tengo que agradecerle muchos momentos. 
Al piso aún le queda tiempo para estar a punto pero, por ejemplo, mi salón empieza a parecerse lentamente a aquello que quiero. Aquella habitación sombría de muebles grandes y oscuros y decorado todo en negro se ha transformado poco a poco en esa otra luminosa que me dibuja una sonrisa cada mañana. Qué necesario es conseguir un lugar en el que sentirse a gusto, tu lugar.
Tampoco me quejo del trabajo. Acabadas las clases, como bien suponía, he recuperado un control sobre mi tiempo que hacía años que no experimentaba. La foto del atardecer sobre Capuchinos la tomé, no obstante, de la única tarde que, hasta ahora (crucemos los dedos) tuve que ir a trabajar a la biblioteca.
Y sobre todo, a octubre, quiero agradecerle que nos haya devuelto una primavera suave como las que aquí nunca tenemos, lo que ha beneficiado que buena parte de las tardes de este mes haya podido pasarlas en la calle o en la terraza de casa bordando o merendando.

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